Permitid, nobles señores, que este humilde peregrino os cuente una historia de su tierna juventud. Fueron tiempos agitados, en los cuales podías palpar en el aire la inminente revolución; pero, cuidado con palpar demasiado el aire, pues los transeúntes solían mirarme extrañados, o seria estreñidos?. La cuestión es que me arrejunté con una banda de terroristas morales, y no tiene ninguna relación con los pisos, que quede claro. Quizás fue para despejarme la mente, pues llevaba unos meses con exceso de ideas absurdas y sin sentido por culpa de un desmayo. La verdad es que quería hacer algo que me dejase satisfecho, o talvez no, vayan ustedes a saber y después vengan a decirme lo que han averiguado. Yo seguiré con mi historia.
Uno de los terroristas se llamaba Juan (alias Xesc), se le había metido, entre ceja y ceja, una idea que le asomaba los días de mas calor, sin embargo en invierno… Será posible, ya me he perdido… Ah! sí! quería vivir de paz y amor.
Gabriel era el más violento de la banda. Su aspecto era fiero y gallardo y se hacía respetar, y quien no lo hacia… bueno, Gabriel tenía sus propios medios y enteros, pero en el fondo tenía su corazoncito.
También estaba Juan (alias Ros). Se reservaba su opinión, permanecía en un rincón, sin decir nada, tumbado en un colchón con su lánguida sonrisa torcida.
Yo, el que os cuenta este bello relato, deseaba vivir sin trabajar y dedicarme en exclusiva al arte, por eso decidí hacerme terrorista, para ir llenando mi currículo. Allí pinté mis tres primeros y últimos dibujos sobre roca. Y para los que no lo sepan y quieran ampliar sus conocimientos de historia, de ahí viene la definición de “Pinturas Rupestres”, pues un pastor de cabras llamado Rupes que, casualmente pastaba cerca de nuestra guarida, al levantar la mirada, por esto la cueva se llamó Alta Mira, al ver los dibujos abandonó las cabras y consagró el resto de su vida al estudio de la cueva.
La cuestión es que empezamos a dejar nuestras huellas, llevábamos una regadera para mojar bien la tierra antes de pisarla. Y donde poníamos el ojo… bueno, siempre solía acabar picándonos.
Un día se presentaron al refugio con una chica que habían secuestrado. La ataron a una columna que estaba situada en el centro de la cueva. Ella, la pobrecita, no hacía más que llorar y gritar; y mientras, la muy guarra, dejaba que los mocos le resbalaran por sus labios carnosos y apetitosos. Lo que hace la continencia. Ni los mocos estropeaban la fantasía. Ah! que recuerdos.
- Cachas tiene la chorba, coñe! –Se me ocurrió decir, al verla entrar a rempujones, con la falda arremangá y la cara tan suciá. Luego callé y me puse cara a la pared hurgando en mis pantalones.
Una mañana recién nacida al esclarecer la noche, o sea una mañana del día, nada de potingues. Bueno, a lo que íbamos, que se me va la olla. Resulta que Gabriel se levantó de mala espina y pinchaba por donde pasaba. Se dirigió a la muchacha y…
- Eh! tía, te decides ha escribir a tu padre pidiendo un recate?
- Cómo quieres que escriba con las manos atadas?, capuuullo!. No lo haré. Mi padre no tiene tanto dinero.
- No tiene tanto dinero, no tiene tanto dinero!. Zorra estúpida!
- Por favor, déjame marchar!
- Antes te mato!
- Pues mátame, rápido. Pero luego déjame marchar, porfi.
Y así, desta manera, yo ya había terminado de mirar la pared, los observé durante un laaargo rato y, por un momento, me pareció estar mirando un culebrón. Pero… veamos, parece que ella tiene algo que decir.
- Qué pasó con mi hermano?
Señor! Ahora hablaba con entonación argentina. ¿Será realmente un culebrón?
- Solamente le dimos una pequeña paliza amistosa, patadas en la boca y eso, pasará unos días en el hospital. Menudencias.
- Tengo que verle, porfi, necesito verle.
Gabriel se quedó pensativo, frunció el ceño y…
- Te hago un trato.
- Lo que sea –dijo la muchacha, con ansiedad depravada.
-Voy a dejar que te marches, pero… antes te partiré el morro por debajo de la nariz con este machete. –Dijo Gabriel mostrándole un cuchillo muy chulo que no llegaba a macho. Y su rostro reflejó un atisbo de sadismo, sadismo, saaadiiiisssmmmooo!!! (Babas).
- De acuerdo, pero que sea rápido!
Gabriel levantó el machete y golpeó sobre el morro que se insinuaba descaradamente, provocando al machete, el cual, como era muy tímido, no cortó del todo, provocando un chorro de sangre que salpicó el piso de la cueva.
- Perdona nena, esta vez no fallaré.
Repitió la secuencia y esta vez se asomaron los dientes por entre la raja.
- Así me gusta, que sonrías.
- No tiene importancia, cuesta poco ser amable. –Dijo ella en un tono sincero.
Entonces él la soltó, se abrazaron y se prometieron amor eterno. Ella partió en pos de nuevas aventuras, ya que era un poco guarrilla. Gabriel quedó cabizbajo, agitando un pañuelo y unas lágrimas esquivas huyeron de sus ojos rojizos por la pena que produce la separación del amor.
Seguro que no participé en un culebrón?
En esta vida te cruzas con gente muy extraña.
Ala! Pa casa. Otro día os contare otra de mis audaces aventuras juveniles.
Que lo paséis bien.